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domingo, 5 de diciembre de 2010

releer

(Del lat. relegĕre)

Últimamente a Ella le había dado por releer libros y novelas. Encontraba un placer agridulce en leer de nuevo las frases y párrafos que hace años subrayó a lápiz o las páginas señaladas con esquinitas dobladas que indicaban que ahí había algo con lo que se sentía identificada. No todos los libros estaban marcados y esos los volvía a colocar en la estantería y se quedaban sin releer. Esa noche tenía en sus manos Lo raro es vivir de Carmen Martín Gaite. Comenzó a leerlo el 28 de septiembre de 1996. Lo sabía porque en casi todos sus libros Ella ponía fecha y firma. Lo raro es vivir... Ya el título inspiraba tantas cosas... Pasó las primeras páginas, portadilla, portada, dedicatoria, cita, y encontró subrayado el párrafo que da inicio a la novela.

"Hay veces en que lo normal pasa a extraordinario así por las buenas y lo notamos sin saber cómo. De entre la sucesión no contabilizada de gestos, movimientos y vislumbres que van engrosando la masa amorfa de lo cotidiano, se separa de los demás uno de ellos, aparentemente insignificante, y salta como la nota discorde de un pentagrama, se queda resonando por el aire con zumbido de moscardón, qué pasa, ha habido una avería o esto significa el comienzo de algo nuevo, nos miramos las manos, las rodillas, qué es lo que se ha transformado, hacia dónde enfocar la atención, no sé. Y sobreviene el miedo o la parálisis."

Tras su erizante viaje retrospectivo a través de frases subrayadas que Ella pensaba que hoy habría vuelto a subrayar tal cual, volvió al principio. A la página de la dedicatoria. Porque en ella se condensaba el mensaje de Lo raro es vivir:

Para Lucila Valente,
siempre sacando la cabeza
entre ruinas y equivocaciones
con su sonrisa de luz

"Lo raro es vivir (...), y lo más raro es que lo encontremos normal".

jueves, 9 de septiembre de 2010

regadera

(Del lat. rigāre con sufijo -dera, variante popular de -torĭus)

Más de las 4 de la madrugada y seguía despierta. Tampoco es que fuera algo raro en Ella, de naturaleza irremediablemente noctámbula. Pero es que a la mañana siguiente yo tenía que madrugar porque asistía a un webinar, uno de esos talleres-seminario que se transmite vía web. Y claro, si Ella pensaba, a mí me tocaba escribir. Y si al menos estuviera pensando algo interesante... En fin, que Ella estaba como una regadera.
Lo estamos. Las dos.

martes, 31 de agosto de 2010

rebelde

(Del lat. rebellis)


Ella dejó de querer ser diferente cuando descubrió que siendo una del montón era mucho más libre para hacer cosas diferentes.

domingo, 14 de junio de 2009

regaliz

(Del lat. liquiritĭa, y éste de glycyrrhīza, en gr. γλυκύρριζα, de γλυκύς, dulce, y ῥίζα, raíz)

Era una de esas noches de calor insoportable. Se lió un cigarrillo y se puso un café con hielo. Estaba bloqueada. Cansada. Escribía en su portátil sobre la cama en camiseta y con braguitas de esas un poco retro, las de "la abuela", que son tan poco sexis como irresistiblemente cómodas. Qué calor. Se levantó a la cocina. Abrió el frigo y sacó la botella de agua y bebió un gran vaso. Volvió a la cama y al portátil. El calor era insoportable. Como insoportable era la levedad de su ser. Últimamente la inconstancia de su ánimo era una constante. No hacía más que lamentarse. Que si me siento vacía, que si le doy muchas vueltas a todo, que si no sé adónde voy, que si no cumplo mis propios compromisos y luego pasa lo que pasa... Y pensó que ahí estaba el problema. En su falta de compromiso con ella misma. Se levantó otra vez a la cocina. Abrió el frigo y cogió el regaliz negro. Volvió a la cama y cerró el portátil. ñam ñam, cómo le gustaba el regaliz. "Hoy puede ser un gran día", se dijo. Esa frase siempre le daba buen rollo. Y el sabor a regaliz, más. "Estás dramatizando, como siempre", pensó. Y le salió la sonrisa.